La ansiedad se cura con una buena alimentación

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A pesar de que siempre pensamos que lo mejor para combatir la ansiedad es acudir a un profesional y tomar medicamentos, no son las únicas estrategias que existen para minimizar sus efectos. Un ámbito que está poco explotado en este sentido es el de la alimentación, y es que comer (y beber) de una manera sana y controlada puede ser muy beneficioso para el organismo en general y para la ansiedad en concreto, y así lo aseguran expertos como Dr Romeu.

No cabe duda de que los alimentos que ingerimos tienen una influencia directa en nuestro estado físico y mental. Obviamente, la alimentación es un factor capital en nuestro día a día y si se consumen cantidades coherentes con dietas equilibradas y variadas, estaremos poniendo mucho de nuestra parte para paliar los efectos de la ansiedad, ya sea en el proceso de curación o con intenciones preventivas.

Hay algunos elementos como las sales o azúcares que utilizamos en exceso. Existen edulcorantes artificiales, pero no caigas en el error de que no son nocivos, ya que un consumo excesivo también puede general problemas. No pienses solo en la comida, porque lo que bebemos también nos afecta. Los estimulantes como el café o el té pueden alterar el ritmo de sueño y provocar insomnio. La cafeína está muy integrada en nuestro día a día, pero no se debería superar el consumo de una taza de café o dos refrescos de cola. Asimismo, el alcohol es una droga blanda a la que no prestamos excesiva atención, pero es un depresor del sistema nervioso y puede afectar de manera negativa al estado de ánimo. De hecho, incluso horas después de su ingesta puede causar un efecto rebote que se manifieste en episodios de ansiedad.

Por otro lado, hay alimentos que deben incluirse en la dieta con el objetivo de paliar los efectos negativos de la ansiedad. El pescado, por ejemplo, es rico en Omega 3, que contribuye a reducir las enfermedades cardiovasculares y regula el nivel de azúcar en sangre. Al mismo tiempo, tu cuerpo tendrá más magnesio y se puede cocinar de diferentes maneras para no caer en el aburrimiento. Los lácteos como el yogurt griego, además de magnesio, aportan vitaminas B6 y B12, así como calcio. Algunos frutos secos como las almendras son una potente fuente de energía para cuando necesitas un buen “chute”,  y también sacian el hambre a la perfección. Se pueden combinar con avena, que es una fuentes de magnesio, fibra y vitamina B. Además, promueve la circulación de serotonina, una hormona que aumenta la ansiedad si se encuentra en niveles bajos.

Una buena estrategia para mantener una buena alimentación es respetar las horarios de comida y planificar un menú semanal, especialmente el de las cenas porque después de ellas no suele haber actividad física y los alimentos trabajan durante el sueño.

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